lunes, 3 de agosto de 2020

La Hora de los Valientes.

Francisco Goya, autoretrato.
Analizando el tema de una excelente producción cinematográfica española “La Hora de los Valientes” su personaje central “Manuel” es un joven imbuido de ideales anarquistas por su militante abuelo republicano, “Manuel” trabaja como celador en el Museo del Prado, al estallar la guerra civil en 1936, el gobierno instaurado de la República de España ordena trasladar las obras de arte del museo de Madrid a Valencia; “Manuel” logra recuperar el autoretrato de Francisco de Goya y en torno a este acontecimiento surge toda la trama e incidencias de la película, la cual recomiendo ver al final y cuando tengan tiempo.

Lo que queda bien claro en la escenificación del drama bélico son los excesos, tanto del extremo republicano como del lado franquista, y eso es patético en toda guerra civil, el pueblo que está en medio del conflicto siempre resulta el más afectado, a parte de sus calamidades y sus muertos, por la afectación del patrimonio artístico y cultural de la nación que está por encima de los intereses de la diatriba política de su momento histórico.

Excesos que le son comunes y sufren por igual la gente aquí y allá, y donde se desarrolle conflictos armados, víctimas de la guerra, desplazados con repercusión social en los países que acogen a los refugiados, expatriados y emigrantes. Ejemplos sobran, pasado y presente, el planeta entero y ahora con mayores efectos y agudizado por el desarrollo de los medios de comunicaciones que hacen un mundo sin fronteras.

Si analizamos la película podemos situar hechos que son muy familiares para nosotros los venezolanos, colas de personas, racionamiento y escases de medicinas, alimentos y servicios públicos, y sobre todo nuestros muertos, nuestros mártires, ahora que nos ha tocado vivir las incomodas consecuencias de un sistema político y sus pretensiones de imponerse a toda costa, por el hecho cierto y probado de la fragante intromisión de agentes extranjeros que fundamentan sus reales y desleales intenciones, allá la soviética injerencia de Stalin, acá la intromisión Ruso-Putin-Castrista, en uno y otro caso, en la supuesta  consecución de ideales y principios pisoteados a cada paso, por la afrenta de su corrupción y tiránico ejercicio burocrático del poder y avasallamiento popular.

En el teatro de los conflictos políticos y sociales, surgen también los trepadores de oficio, los que al fin de cuentas resultan los verdaderos y exitosos ganadores y vencedores, llevándose la mejor parte de la miseria humana, éste representado por el personaje “Lucas” la antítesis de “Manuel” que me hace recordar en Dr. Zhivago al personaje “Victor” parte esbirro, segundón y escurridizo vividor.

Cuantos son los “Lucas” que se entrecruzan entre las piernas a los artífices de las revoluciones y conflictos sociales, valiéndose de su astucia y capacidad mimética de disimular su sagacidad en búsqueda de escalar política y económicamente, por encima de las circunstancias y por encima de los valientes, carne de cañón inútilmente sacrificada.

Cuantos son los “Manuel” soñadores ingenuos y febriles, entusiastas de ideales puros y sublimes, en los epicentros de las protestas populares, rebeliones y conflictos, buscando redimirse y buscando para su gente mejores condiciones de vida y existencia, buscando para su país la ansiada libertad.

De Francisco José de Goya y Lucientes, conocemos su vida y obra, le tocó su pedazo de azarosa existencia durante la ocupación Napoleónica de España, y supo captar en sus lienzos y bocetos, todo el dramatismo de la guerra y sus secuelas, como testimonio para toda una humanidad compungida ante el peligro eminente de la opresión que sobre ella pesa cual Espada de Damocles.

En América del Sur especialmente, tenemos nuestro propia Espada de Damocles, se están jugando sus pueblos su suerte entre la democracia y la tiranía, y sus pueblos deben saber defender su preciada libertad, frente a las francas y develadas  intenciones de “quienes” pretenden colocarse y hacer de Venezuela la cabeza de playa para propagar por el continente conflictos político-sociales al mero estilo de nuestra querida Venezuela, entendiendo que tal cual decía nuestro poeta inmortal Andrés Eloy Blanco: -La Democracia está de pie en la encrucijada de las más trágicas codicias.

JLReyesMontiel.

 https://youtu.be/9d2dmrk_lQk



miércoles, 8 de julio de 2020

La Burbuja Existencial.

Fotograma: "La Espuma de los días"

Algo no anda bien en la gente, por no decir en la humanidad, cuando se observa la mundanidad desde una perspectiva más elevada, y cuando digo “elevada” no es que me sitúe por encima de los demás como semejantes que somos, sino desde una visión más objetiva, un poco más objetiva, porque la neutralidad al punto es de las máquinas, y somos seres pensantes, con todas nuestras virtudes y defectos; es el hecho cierto de las argumentaciones y las incoherencias existenciales de la gente en sus posturas pensantes, sean religiosas, culturales, políticas e ideológicas.
Al paso de los años y de la experiencia, uno adquiere esa necesaria capacidad de estudiar mejor a la gente, pero, pero solo entendiendo el cuadro del entorno donde se desenvuelve su personalidad y modo de vida, para asumir, un poco más o menos, un análisis comprensivo de las aptitudes y actitudes de las personas en sus vidas.
Hoy ví y escuché una pareja, fue en Yotube, por su canal de redes sociales, ella es hija de un conocido y difunto profesor comunista y Ius filósofo, él es de profesión periodista, ella siempre bohemia con sus rizos y vestido Hippie, él con su barbita a lo Guevara pero con la nívea señal de los años, por mucho que trate de ocultarlos tras de su camiseta y sus pantalones Blue Jeans, ambos cantando temas “revolucionarios” que por cierto, no cantan tan mal pero tampoco son buenos, por lo menos el hombre trataba de charrasquear en su Cuatro una “Danza” aportándole la letra de un insípido tema de una canción intitulada “Pueblo Valiente” y ella se lanzó otro tema cantado en memoria de la legendaria comunista Olga Luzardo.
Yo los observé y escuché, pues los conocí en los pasillos de la Universidad del Zulia, entonces LUZ era aquella bonita casa grande “nuestra” y lucía plena de juventud en sus aulas, pasillos y jardines, de muchachada estudiantil feliz y animosa; de tal modo yo los escuche y observé, a ella y a él, cantando sus temas “revolucionarios”;  en otros tiempos, de aquellos de mi juventud, me hubiera resteado con esos chamos, ese canto está bueno, hubiera dicho, cantan verdades, hubiera sentenciado; pero hoy me suenan con el desgarbado tono de la decepción y la amargura.
Acá en Santiago, durante los disturbios del año pasado, entre quemas de autobuses y estaciones del metro, los rebeldes muchachos arengaban sus proclamas amenazando a los burgueses en sus burbujas residenciales, a mí se me grabó ese dicho: “BURBUJAS RESIDENCIALES” ya era bastante digerir el sin sentido de incinerar su propio transporte público, por sobre toda justificación reivindicativa social, lo cual es asumible en toda sociedad que se precie así misma, lo anacrónico del asunto, es saber comprender a una gente en sus motivaciones políticas y económicas, cuando vienes de un país gobernado, por los mismos ideólogos que atizan la candela rebelde en el país residente que te acoge, y en mi propio país, se reprime, se encarcela y se tortura con vehemencia feroz en nombre de la libertad y la autodeterminación de los pueblos.
El asunto es, que cuando ví y escuché cantar a estos “Chamosaurios” desde su pomposa residencia, situada porque lo sé, en una urbanización de clase alta de Maracaibo, llena de cortinas y mobiliario, tras de sí, sobre sus cabezas tremendas ventilas de aires acondicionados centrales, todo bien chévere y bonito, frescos y gentiles, cómodos y bien nutridos, ella con sus rizos y él además, con su –gorrita- adornada con una chapita del Che Guevara, no pensé no más, sino que recordé aquel dicho: “BURBUJAS RESIDENCIALES” recordando además, las penurias de mi país y de su gente.
Anacronismos del mundo, contradicciones existenciales, antagonismos de realidades encontradas en el espejo multicolor de ideologías indigestas y frustradas, todo es pasajero del tiempo, vanidad existencial y esnobismo.
¡Carajo...! Y no me vayan a decir, que es el “imperialismo” porque el sentido de la antiética social, la corrupción política, su burocracia e inmoralidad, a la que se ha sometido y quebrantado la voluntad de un país: Venezuela, nada ni nadie lo puede justificar, menos razonar y jamás argumentar en su sano juicio.

JLReyesMontiel.




domingo, 7 de junio de 2020

Un Plagio Nacional.


El daño moral a nuestro país, hacia todo lo que de bueno tiene el patrimonio nacional, al margen de su infraestructura y economía, soslaya principalmente su acervo histórico y la dimensión del pensamiento de los mentores de nuestra nacionalidad.

Es un crimen impío, confabular para deformar su rostro, con un aspecto de mulato ordinario, para recrear a imagen y semejanza del intromiso régimen, un Bolívar que insurje contra la capacidad y creación artística de diversos pintores de época, en diferentes lugares, quienes definieron un semblante iconográfico vivencial y directo, que evaluando los múltiples retratos que de Simón Bolívar se elaboraron, bien se puede dictaminar ciertos rasgos muy particulares y característicos de su rosto, llegando a la conclusión veraz, que los estudios morfológicos óseos del cráneo, realizados a un supuesto análisis objetivo, arrojaron un resultado muy conveniente, para complacencia del régimen y sus cancerberos.

Ese rostro indigno, no es sino parte de una intención premeditada de subvertir el todo de una nación incauta, así más ampliamente se allanaron sus instituciones, sus industrias, sus ciudades, sus pueblos, su infraestructura, sus universidades, sus liceos, sus escuelas, sus servicios de salud, sus servicios públicos, y, finalmente nuestras casas, quebrantando la voluntad de las masas.

Donde y cuando veo ese rostro grotesco de un Bolívar suplantado, veo los rostros del régimen títere que oprime Venezuela, veo toda la ruina y el retroceso que ha significado para nuestro país, esa misma conmoción repulsiva de una mayoría aplastante de Venezolanos, al ver plasmado el infame icono con un perfil y semblanza facial deformada y degradada de Bolívar, como una chercha a los hombres en su día a día dentro o fuera de Venezuela.

Y resultado de este vil plagio, lo más desafortunado, las nuevas generaciones de venezolanos están identificando la figuración de un “Simón Bolívar” a la medida de los tiranos, cuando el ideario político Bolivariano está tan lejos de egocéntricas apetencias hegemónicas del poder. Esto, además, en desconsuelo de los detractores de oficio, historiógrafos que hacen el juego a los tiranos, difamando la estatura histórica y semblanza humana de El Libertador, dicho esto también, en desagravio a la voluntad titánica y espíritu de sacrificio de Simón Bolívar.   

Pasarán, como pasan las pesadillas, y la dignidad florecerá nuevamente en el territorio Venezolano, el tiempo es inconmensurable y justiciero, toda la verdad se decanta en sus arcanos, la muerte es el destino único de los hombres y ante la sentencia definitiva de sus designios, no hay fuerza que se resista, al final caerán, como caen las vanidades y portentos y sus protagonistas, payasos de una ridícula pantomima, una historia por redactarse, escribirán otros estos momentos con juiciosa pluma y claro pensamiento, las oscuras páginas de estos perdidos días, y de sus secuaces, martirizadores de un pueblo trabajador y honesto, no hablo de los pérfidos y los inconsecuentes, y en nombre del Venezolano de bien escribo.

Ese día, destino fijo de esta humillante autocracia, enjuiciados sus remanentes personeros, los innobles perfiles amulatados que definen e identifican al oprobioso régimen, se quemarán en todas las plazas públicas a lo largo y ancho de una “Nueva República de Venezuela” y aireadas las banderas con sus amarillos, azules y rojos pliegues, y sus siete estrellas, será esta profecía hoguera atizada al viento norte de nuestro Mar Caribe, regresará la virtud y el honor, templados como acero, en el ritornelo de tus hijos, patria nuestra.

Abraham Puertas.




domingo, 27 de mayo de 2018

Etnicidad, identidad e interculturalidad: Teorías, conceptos y procesos históricos.

Por Eugenia Ramírez Goicoechea.

El proceso de mestizaje en Sur América,
a diferencia del colonialismo británico,
contó con el aval del Rey Fernando El Católico
mediante Real Cédula de 1514,
junto a su antecedente jurídico de
las Leyes de Burgos de 1512
y sentada por las Leyes de 1542,
reconociendo el matrimonio entre razas
y asegurando la legitimidad e igualdad
de la descendencia respecto de
los hijos habidos en los matrimonios de Castilla.

Cito: “La tolerancia a la interrelación sexual de autoridades civiles. Militares y comerciantes europeos con mujeres india de alto prestigio social fue un hecho en la India Colonial Británica hasta finales del siglo XVIII. Algunas dieron lugar a nutridas familias basadas n relaciones estables y permanentes. Al llegar a cierta edad no era infrecuente que hijos  e hijas fueran enviados a Inglaterra para educarse con tíos o abuelos. Estos británicos, denominados White Msughals (mogoles blancos) mostraban una apertura intercultural también en otros dominios: la lengua, la alimentación, la decoración, las relaciones familiares extensas, las formas de ocio y hasta la indumentaria. Al morir, legaban a su compañera e hijos todas sus propiedades (Dalrymple, 2003). 

Sin llegar a constituir familias, algunos europeos, tanto en India como en África, mantuvieron relaciones permanentes y estables con mujeres que les cuidaron siempre, confundidas por la colonia como empleadas domesticas. Su invisibilidad social desaparecía cuando se hacía público que sus compañeros les habían legado todos sus bienes.

A pesar de  prohibiciones y admoniciones constantes por parte de las autoridades coloniales, siempre que estas practicas y relaciones se mantuvieran en privado, fueron más o menos consentidas.

Stler (1989-1995) afirma que no puede comprenderse completamente la historia del racismo sin entender a cuestiones de genero y sexualidad. Racismo e ideas sobre la sexualidad de los otros a partir de las nuestras han sido ingredientes principales en nuestra propia construcción identitaria.

Donovan (2003) también insiste en la importancia de las relaciones sexuales y de genero a la hora de crear fronteras raciales. Analizando la  historia de una mujer mulata y la implantación de políticas antivicio a principios del siglo XX en diversos lugares de Estados Unidos, asegura que el mantenimiento de las categorías raciales dependía de los discursos sobre relaciones legitimas o no entre los sexos y sus consecuencias reproductivas. Por ello, considera que estos aspectos no deberían ser nunca olvidados en los estudios históricos sobre el racismo.


Las nativas representaban las fantasías sexuales de los europeos, reservando para sus madres, hermanas, esposas e hijas el rol de esposas, madres, amigas y cuidadoras. El colonialismo europeo –como el norteamericano- se hallaba encadenado a la maquina del deseo (Stoler, 2002). 

El poder de lo erótico exótico sobre los europeos se basaba no solo en sus posibles largas temporadas de abstinencia sino en un imaginario de la incontrolable pulsión sexual de la nativa, su concupiscencia y promiscuidad sexual, su fertilidad. Si por un lado eran inferiores e incapaces, por otro se les admiraba y se les deseaba; su belleza corporal, su agilidad no eran reflejo de la disciplina y el trabajo sino de dones naturales asociados a su raza (Shohat, 2000(1994):21).  

Claro está que esta  ambivalencia entre la repulsión racial y la atracción social reflejaba más las frustraciones y anhelos de los europeos, sus sistemas normativos y represivos de una incorporalidad siempre negada. “

martes, 10 de octubre de 2017

Rubén Dario y Don Quijote.


En un viejo libro de Gramática Castellana del autor J.A. Cova  leí un hermoso poema de Rubén Darío de increíble actualidad, se trata de unos versos ofrendados a la obra de Don Miguel de Cervantes “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha” titulado “Letanía a nuestro señor Don Quijote”.

Rubén Darío esboza finamente una visión del mundo desde el cenáculo de la azarosa existencia del ingenuo personaje, todo corazón y fantasía, designándole el campeón de los tristes y destacando sus virtudes de las cuales carece la humanidad.

Alertándonos contra todo lo ruin y cruel de una sociedad infesta degradada y decadente, llena de bajos intereses, antitética y amoral, carente de todo lo bueno, grande y excelso de Don Quijote, de Sancho y sin Dios.




Rey de los hidalgos, señor de los tristes,
que de fuerza alientas y de ensueños vistes,
coronado de áureo yelmo de ilusión;
que nadie ha podido vencer todavía,
por la adarga al brazo, toda fantasía,
y la lanza en ristre, toda corazón.

Ruega generoso, piadoso, orgulloso;
ruega casto, puro, celeste, animoso;
por nos intercede, suplica por nos,
pues casi ya estamos sin savia, sin brote,
sin alma, sin vida, sin luz, sin Quijote,
sin piel y sin alas, sin Sancho y sin Dios.

De tantas tristezas, de dolores tantos
de los superhombres de Nietzsche,
de cantos áfonos, recetas que firma un doctor,
de las epidemias, de horribles blasfemias
de las Academias, ¡líbranos, Señor!

De rudos malsines, falsos paladines,
y espíritus finos y blandos y ruines,
del hampa que sacia su canallocracia
con burlar la gloria, la vida, el honor,
del puñal con gracia, ¡líbranos, Señor!

Noble peregrino de los peregrinos,
que santificaste todos los caminos,
con el paso augusto de tu heroicidad,
contra las certezas, contra las conciencias
y contra las leyes y contra las ciencias,
contra la mentira, contra la verdad...

¡Ora por nosotros, señor de los tristes
que de fuerza alientas y de ensueños vistes,
coronado de áureo yelmo de ilusión!
¡que nadie ha podido vencer todavía,
por la adarga al brazo, toda fantasía,
y la lanza en ristre, toda corazón!

Rubén Darío.

miércoles, 26 de julio de 2017

El vuelo del Colibrí.



¿Quién valiera remedar en su recorrer el vuelo del Colibrí? Hoy temprano en la mañana, entre los albores, presagios y expectaciones de este día, caminando en el parque, un Colibrí de plumaje esmeralda encarnado y azulejos vibrantes, pasó frente a nosotros con la velocidad del pensamiento, fugaz e indemne; segundos antes sorbía una florecilla dejando apenas en nuestra vista su esplendorosa tonalidad y la imagen de su frágil cuerpecito.

¿Quién pudiera vestirse de su plumaje? Verde azulado degradado con el iris del Sol en su refracción de luz mañanera, espectro de ilusión y fantasía, mágico y ensoñador, repentino paisaje visual que alegra el alma, verdadera música para nuestra vista.

¿Quién se alimenta como él? De flor en flor, un regalo de la naturaleza a su belleza, con su largo pico entre sus ojitos intensamente negros que le adornan elegantemente en su colorido plumaje, sublime brillo que le otorga su alimento vital y puro.

¿Quién poseyera sus alas? Alguien alguna vez cantó –no preguntes cuántas veces por segundo mueve en su vuelo sus alas el Colibrí- parafraseo y digo que ni la más poderosa maquinaria de acrobacia aerodinámica y supersónica lo igualará jamás.

Así son las cosas de la naturaleza, perfectas, cuando miramos el firmamento y nuestra soledad en el Universo, íngrimos ante la inmensidad  y al margen de la oscurana planetaria, somos parte de un cosmos pasajero y quebrantable como el Colibrí, rasante, veloz y en constante movimiento; todo nace, se desarrolla y muere, nada es perenne, todo cambia y se perfecciona, esa es la Ley Natural.

Y el hombre insignificante, aquellos los insidiosos, los seres intromisos en una naturaleza perfecta la causa de su descomposición urbana, los corrompidos, los advenedizos de la razón, acéfalos en su antiética existencial,  lacras de un Universo en plena gestación.

Esa desesperanza pasa, cuando escucho una obra musical como la Música del Agua del compositor alemán Juan Sebastián Bach y uno se anima al pensar, que el hombre en la naturaleza es una cosa maravillosa  y que todo se arregla con el tiempo, que la naturaleza evoluciona para bien y que esta especie actual corrupta e inmoral desaparecerá algún día de la faz de la tierra.

Nectario Garcia Ordoñez.





   

sábado, 26 de noviembre de 2016

Para Aristóteles, ¿Quién es Dios?.

Todo el pensamiento occidental se fundamenta se asienta en la filosofía de Sócrates, Platón y Aristóteles (Sócrates fue maestro de Platón, quien lo fue a su vez de Aristóteles) pero la orientación de su pensamiento tomó diferentes rumbos, y fue Aristóteles quién culminó los esfuerzos de sus maestros y ejercer la influencia más perdurable, no sólo en el terreno de la filosofía y la teología, sino prácticamente en todas las disciplinas científicas y humanísticas de la humanidad contemporánea, por el uso de su metodología y por la amplitud de los campos que estudió y sistematizó, Aristóteles puede ser considerado el primer investigador científico.

Aristóteles nació en el año 384 a.C. en Estagira, en una pequeña población macedonia. Su padre, Nicómaco, era médico de la corte de Amintas III, padre de Filipo II de Macedonia y, por tanto, abuelo de Alejandro Magno. Nicómaco de la familia de los Asclepíades considerados descendientes del dios fundador de la medicina, cuyos conocimientos se transmitía de generación en generación. Por lo que se piensa que Aristóteles fue iniciado de niño en los secretos de la medicina, y que de ahí le vino su afición a la investigación experimental.

Autor de un sistema filosófico y científico que se convertiría en base del cristianismo medieval, así como de la escolástica islámica y judaica; Aristóteles ha determinado, más que cualquier otro filósofo, los contenidos de la historia del pensamiento occidental, sus obras ejercerían una notable influencia sobre innumerables pensadores durante cerca de dos mil años, y continúan siendo objeto de estudio por parte de múltiples especialistas en nuestros días. La filosofía de Aristóteles constituye, junto a la de su maestro Platón, el legado más importante del pensamiento de la Grecia antigua.

Sostiene  la ética Aristotélica la búsqueda de la felicidad, que según él para algunos; la felicidad consiste en los placeres; para otros, en las riquezas; pero el hombre sabio la busca en el ejercicio de la actividad que le debe ser propia al hombre, es decir, en la vida intelectiva; ello no excluye el goce moderado de los placeres sensibles y de los demás bienes, con tal de que éstos no impidan la contemplación y la búsqueda de la verdad.

Sobre esta base desarrolla Aristóteles el concepto de virtud, que consiste en el justo medio; así, la valentía es la virtud que se sitúa entre dos extremos igualmente viciosos, la cobardía (carencia de valor) y la temeridad (exceso de valor que lleva a correr riesgos innecesarios). Lo que quiere dar a entender es que el actuar del hombre debe estar regido por la prudencia o regla recta. Hay dos modalidades de virtud: las dianoéticas (que se refieren al ejercicio de la inteligencia) y las éticas (que se refieren a la sensibilidad y los afectos). Todas las virtudes son hábitos que se adquieren por medio de la repetición. La virtud por excelencia es la justicia, la cual consiste en el acatamiento de las leyes y en el respeto a los demás ciudadanos.

En este orden de ideas, los filósofos árabes,  entre ellos Avicena y Averroes,  contribuyeron a que el pensamiento aristotélico fuese de nuevo objeto de atención en Occidente, el creciente interés por la naturaleza mostrado por el pensamiento cristiano en la Baja Edad Media hizo posible que la obra de Aristóteles fuese estudiada, pensadores como Roger Bacon y Alberto Magno reivindicaron el pensamiento Aristotélico, y fue Santo Tomás de Aquino quién lo transformó en la base de la teología cristiana.

Para Aristóteles el hombre es por naturaleza un "animal político"; célebre expresión esta que ha de entenderse como "animal social", ya que "político" deriva de polis, la ciudad-estado griega, que es la forma más avanzada de organización social. Sólo los animales y los dioses pueden vivir aislados. La fuerza natural hacia la reproducción y la conservación de la especie inclina a los hombres a vivir unidos, primero en la familia, luego en la vecindad (unión de varias familias) y finalmente en la ciudad-estado (ni muy pocos, ni demasiados habitantes). El buen funcionamiento de una ciudad-estado no se asegura solamente por unir voluntades hacia un mismo fin común; se requiere también de leyes justas y apropiadas que respeten las diferencias y eduquen a los ciudadanos en moral y cívica, para la responsabilidad dentro de la libertad en el ejercicio de sus libertades y el respeto a las libertades comunes, la búsqueda del preciso y justo equilibrio; sin embargo, hay que dejar claro que en su mentalidad clasista griega, Aristóteles no concibe el derecho de ciudadanía ni para las mujeres ni para los esclavos, hay que situarse en su momento histórico.

Para Aristóteles, todos los seres vivos se presentan como poseedores de alma (psyché), por la cual se distinguen de los seres inanimados o inorgánicos. Según él, el alma es la forma de un cuerpo que tiene la vida en potencia. La doctrina hilemórfica se aplica también a los seres vivos: se componen de materia (el cuerpo) y de forma (el alma). El alma es el principio vital que realiza una potencialidad de la materia: constituir un ser vivo. Aristóteles distingue tres clases de alma: vegetativa (propia de las plantas, pero presente también en los animales y en el hombre), sensitiva (propia de los animales y del hombre) y racional (exclusiva del hombre). Ésta tiene tres características: es causa del movimiento del cuerpo, conoce y es incorpórea.

De esta concepción se deducen consecuencias inmediatas y contrarias al pensamiento de Platón y de otros filósofos; por ejemplo, el alma no existe antes del nacimiento del ser vivo (se niega la preexistencia del alma), ni pasa de un ser vivo a otro (trasmigración de las almas). El alma no se halla accidentalmente prisionera en la cárcel del cuerpo; al igual que la materia y la forma, el cuerpo y el alma son principios constitutivos inseparables e interdependientes que forman un compuesto sustancial, de modo que ni uno ni otro pueden tener una existencia propia.

Con la extinción del alma en la muerte, el cuerpo pierde su principio vital y su materia se descompone. Esto ocurre indudablemente en las plantas y en los animales; en cambio, la posición de Aristóteles respecto a la posible inmortalidad del alma humana ha sido objeto de interpretaciones divergentes. Con respecto al conocimiento, Aristóteles no admite las doctrinas de Platón, ni tampoco el innatismo. La mente al nacer es "tamquam tabula rasa", en la que nada hay escrito. El conocimiento comienza en los sentidos, como nos demuestra la experiencia. Las captaciones de los sentidos son aprehendidas por el intelecto, generándose así el concepto. De esta forma llegamos al conocimiento suprasensible.

La ciencia metafísica de Aristóteles culmina en la teología, la cual se ocupa del ser que existe per se, o sea, el ente en su sentido más pleno, la forma pura sin materia. Para probar la existencia de ese ser apela a varios argumentos: "Entre las cosas que existen una es mejor que la otra; de allí que exista una cosa óptima, que debe ser la divina". Su argumento más conocido es el denominado de predicamento cosmológico: las cosas de este mundo son perecederas, y por lo tanto sufren cambio; este cambio acaece en el tiempo. Cambio y tiempo son, pues, imperecederos; más para que se produzca el cambio o movimiento eterno ha de existir una sustancia eterna capaz de producir ese movimiento. Pero no podemos retrotraernos al infinito para buscar las causas de las causas, por lo que debemos llegar a un Ser supremo. Ese Ser, sin embargo, no aparece en Aristóteles como creador del mundo, porque éste es eterno.

Ya en sus tratados sobre física había expuesto Aristóteles el concepto de primer motor. Todo ser que se mueve es movido por otro; puesto que no podemos remontarnos en esta cadena hasta el infinito, debe existir un primer motor, el cual es inmóvil: si fuese móvil, estaría movido por otro motor anterior, y no sería el primero. Aristóteles ahonda en esta idea en sus escritos metafísicos. Como el movimiento es paso de potencia a acto, la misma inmovilidad implica que el primer motor no está en potencia respecto a ningún acto, es decir, no tiene ninguna potencialidad: es acto puro. En consecuencia, es inmaterial (la materia siempre supone potencialidad) y absolutamente perfecto; no puede faltarle nada en el orden del ser y de la perfección, pues si le faltase algo estaría en potencia respecto a aquello de lo que careciese, y ya no sería acto puro.

Por su misma perfección debemos atribuir vida a este Ser superior, y vida en su grado más perfecto; y no podemos atribuirle otra actividad que la teórica o contemplativa, que no requiere movimiento y no se orienta a satisfacer ninguna necesidad. Así, el Dios aristotélico es pura inteligencia, puro pensamiento incesante que se piensa a sí mismo; el objeto de su pensamiento no puede consistir en cosas externas a él, porque entonces dependería de tales cosas. Autónomo, trascendente, separado del mundo, Dios es eternamente feliz pensándose eternamente.

Estando separado del cosmos y sin ningún contacto con él, ¿cómo puede Dios actuar sobre el mundo, moverlo como un primer motor? Dada su suma perfección y su plenitud de ser, en Dios se encuentra todo lo apetecible, todo lo digno de ser contemplado, todo lo que merece ser poseído; en consecuencia, mueve a todas las cosas como el bien mueve al que lo desea o la belleza mueve al que la contempla. Dios mueve el mundo no como causa eficiente, sino como causa final, es decir, como fin último (la perfección) al que tiende el universo. Del mismo modo que a la amada le bastan su belleza y su bondad para atraer al amante, para Aristóteles, Dios no ejerce ninguna fuerza para el Mundo, éste va por sí mismo, en una constante búsqueda de la verdad; entonces en el mundo terrenal, el movimiento surge en las cosas como un afán hacia lo perfecto, en la búsqueda de ese fin último que es Dios.

Lázaro Buendía.